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EL DEBER DE LA MEMORIA  
15 de Enero de 2017 
 
Tatiana Espinaza

“No estoy dispuesto a vagar con un alma redimida por un mundo irredento” (Martin Buber). Una de las tareas que nos ha sido encomendada para realizar en la Tierra es la de luchar contra el olvido, que llega incluso a aniquilar el recuerdo de los vencidos, redoblando así la injusticia y la violencia que negaron su invulnerable dignidad de personas tanto como su existencia, borrándolos de la faz de la tierra. El mundo se destruye desde muy adentro, desde mucho más adentro de lo que es capaz de concebir la historia, sea con la razón, sea con la ciencia...

No olvidemos que Auschwitz no fue disuelto por ser Auschwitz, sino porque la evolución de la guerra dio un vuelco; y desde Auschwitz no ha ocurrido nada que podamos vivir como una refutación de Auschwitz. En cambio, sí hemos visto funcionar imperios sobre la base de ideologías que, en la práctica, eran meros totalitarismos. Estas ideologías demostraron su utilidad, es decir, su eficacia como instrumentos del terror. Hemos visto que tanto el asesino como la victima eran conscientes del vacío de estas ideologías, de su carencia de significado; y justamente esta conciencia hacía que las atrocidades cometidas en nombre de tales ideologías resultaran singularmente infames y generaran esa perversidad profundamente arraigada en las sociedades sometidas a su dominio. Resultaron ser la sensación de poder más placentera ya que, el asesinato asociado al ultraje a la razón provoca una realidad que abre un horizonte terrorífico para cualquier futuro de la existencia humana.

Habría que analizar alguna vez el resentimiento que la intelectualidad de nuestra época alimenta contra el intelecto, escribir la historia espiritual del odio al espíritu... Auschwitz: una metáfora viva. No se puede eliminar de nuestras vidas la conciencia de la infamia. La totalidad moderna como imitación de la cultura uniforme. ¿Sigue siendo importante la vida basada en la moral en un sentido clásico, o basta el crecimiento desaforado del poder?

El único mito válido de nuestro tiempo es Auschwitz que, por tanto, se ha convertido en una categoría cultural. El Holocausto constituye un valor porque condujo a un saber inconmensurable a través de un sufrimiento inconmensurable; por eso esconde también una reserva moral inconmensurable. El Holocausto posee sus santos como cualquier subcultura; y si se mantiene el recuerdo vivo de lo sucedido, no será por los discursos oficiales, sino por las vidas que dieron testimonio.

Vivimos en una sociedad averiada y, para que la realidad irreparable haga surgir la reparación, es decir, un nuevo espíritu, debemos ver de frente lo que Auschwitz representa: la culminación de la cultura occidental. ¿Hasta qué punto es capaz la imaginación de sobreponerse al hecho del holocausto, hasta qué punto puede aceptarlo y hasta qué punto el holocausto ha pasado a formar parte de nuestra vida ética, de nuestra cultura ética, a través de esta imaginación receptiva?

Porque sucedió, hasta resulta difícil imaginarlo. La verdadera crisis es el olvido absoluto, la noche carente de sueño. La ira buena y virtuosa, que nace de la indignación objetiva ante la injusticia...La ira es el embrión del miedo; la cólera a menudo nace de eso que oscuramente perturba y amenaza. La ira noble se hace una sola con la generosidad del sentimiento y es antitética al resentimiento, que arraiga y se enraíza malignamente en el alma. Existe, en sus muy diversas formas, una cultura universalmente humana basada en la búsqueda de la verdad, en el respeto de la libertad y en la corrección lógica de los razonamientos. Cultura significa amar –y también, cuando es necesario, odiar- con fundamento.

La cultura en cuanto visión crítica del mundo siempre es peligrosa para cualquier totalitarismo. Si alguien, a pesar de todo, osa pensar que Auschwitz es el acontecimiento más importante del hombre que ha sido expulsado de forma traumática por la cultura ética europea y si trata de aproximarse a esta cuestión con la seriedad correspondiente, entonces tiene que saberse condenado a la soledad y al aislamiento...

No permitamos que ganen ellos; miremos de frente, y con responsabilidad, lo que queda de Auschwitz... El término religio no deriva de religare sino de relegere, que indica la actitud de escrúpulo y de atención que debe imprimirse a las relaciones con los dioses, la inquieta vacilación ante las formas que es preciso observar para respetar la separación entre lo sagrado y lo profano. Religio no es lo que une a los hombres y a los dioses, sino lo que vela para mantenerlos separados, distintos unos de otros. Profanar significa abrir la posibilidad de una forma especial de negligencia...La tolerancia irracional invita al mal no sólo a los malvados, sino también a los buenos. (Crisóstomo) El silencio, ese gran anarquista, es a menudo una salvación. En su derrota encuentra el creyente la victoria. (Kierkegaard).

 

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